Crónica de un viaje inolvidable (I)

Todo comenzó un ya lejano 7 de julio, San Fermín. Con una buena resaca en la maleta partimos rumbo a Madrid en uno de esos trenes Alvia tan rápidos y cómodos, aunque parece que no lo suficiente para algunos, que pretenden gastarse un dinero que no tenemos en construir un AVE cuyos billetes solo unos pocos podrán pagar…

El caso es que llegamos, y bien. Y como el destino quiso que a esa hora y lugar en el que yo me encontraba se celebrase el Meeting de Atletismo de Madrid. Allá que me fui. No todos los días se puede ver correr a tios en 9,95” el 100m.l., saltar más de 8:20, o pasar las vallas con el estilo y la clase con las que lo hace la gran Lolo Jones.

Tras este inciso atlético tocaba dormir unas escasas 2 horas y marchar rumbo a Barajas, no sin antes coger dos autobuses (uno y después otro, simultaneamente dicen que no se puede). A las 6:40 partiamos rumbo a la hermosa ciudad de Venecia. En primer lugar tocaba dejar las cosas en el hotel en Mestre, a 10 minutos en bus de Venecia, y ya ligeros y aseados, nos dispusimos a coger el bus rumbo a esos canales. Misión que resultó más complicada de lo esperado, ya que Tras esperar 15 minutos en medio del caos y la anarquía vimos como la gente se iba montando y llenaban el bus, con nosotros fuera. Llegar los primeros y no entrar! Aprendida la lección, montamos una temible barricada a prueba de turistas y locales y nos montamos los primeros en el siguiente bus que se dignó a aparecer.

Venecia muy bonito y tal. Pero es de esas ciudades que idealizas, las ves en las pelis, en la tele… y cuando por fin estás en ella decepciona un poco. Los 35 grados, las hordas de turistas y las horas de callejeo sin fin no ayudaron. Ah, y los helados italianos, que decepcione! Mucho mejores los de Larramendi. Pero bueno, es lo que tiene el turisteo, seguro que los hay que responden con creces a su fama.

Ya al día siguiente tras coger un tren y un bus nos plantamos en Koper, pueblito costero Esloveno y grata sorpresa de nuestro viaje. Aquí la idea era pasar noche y recoger la furgo de alquiler, aunque no esperabamos mucho del lugar. Pero después de la locura veneciana recorrer las callejuelas de este pueblo, subir a la torre, darse un bañito en el paseo marítimo o disfrutar de un concierto multicultural en la plaza fueron pequeñas delicias.

Ya al día siguiente recojimos nuestra furgo de alquiler, una espaciosa Renault Traffic, y pusimos rumbo al P.N. del Triglav. La idea era clara. Coronar el monte más alto de Eslovenia, icono del país hasta el punto de estar presente en su bandera, pero subiendo desde el norte y bajando desde el sur. Así podíamos atravesar el parque de punta a punta, y bajar por la famosa, larga pero sencilla ruta de los 7 lagos.

Con lo que no contabamos era con la lluvia. A mediodia llegabamos a Aljazev Dom y comíamos algo antes de empezar a andar, mientras unas nubes amenazantes se cernían sobre nuestras cabezas.

Y claro, fue ponerse a andar y empezar a llover a mares. No lo veíamos muy claro, porque tras 15 minutos de pista nos metiamos ya en una pared de apariencia inexpugnable. De todas maneras, tras media hora paró de llover, y subimos más tranquilos, ayudados por todo el montaje de hierros, clavijas y escalones varios que han formado para hacer más accesible la montaña. El exceso queda feo, pero la verdad es que facilita mucho la subida.

Y nada, a buen paso nos plantamos en el refugio Dom Planika, a 2500m, pero viendo la subida que nos quedaba para el día siguiente, preferimos bajar al siguiente refugio. E hicimos bien, porque desde allí se subía más facil. Pero eso sería al día siguiente. Antes nos tocó la sorpresa desagrdable del viaje. El refugio. Muy bonito y cuidado, de madera como en los cuentos y tal. Pero… sin fuente, ni grifo ni semejante. La botella de agua a 4 euros! Al preguntar por la ducha se rieron de nosotros. Y para cenar, un plato de macarrones 4 euros, ni tan mal, no?  Pues no. FATAL. Una ración que se le quedaría corta a mi gato, y cuando dicen macarrones, es macarrones. Y punto. Si los quieres con queso 6 euros más. Y la sopa de carne o no tenía carne o ésta era de tamaño subatómico. Ah, y la noche 25 euros. Más caro que ninguno de los apartamentos que disfrutamos durante el resto del viaje… Pero sin duda lo más sangrante lo del agua.

Ya al día siguiente yo me negué a ser apuñalado nuevamente, y me abstuve del desayuno que ofrecían a precio de caviar, y me preparé un sandwitch de mantequilla de cacahuete. Mi gran secreto para la montaña. Energía pura, y para arriba! Granizo, miedo, niebla, arista aérea, pasos complicados con la lluvia…

La bajada también tuvo su miga, hasta llegar al refugio de Koca na Dolicu. Y a partir de ahí todo el valle de los 7 lagos, bonito pero MUY largo, para acabar la travesía en el valle de Bohinj, tras descender 2200 m., los últimos 700 de golpe en la hobbitiana zona conocida como Komarca. Muy recomendable ruta, variada, dura, con su punto de dificultad en lo físico y en lo técnico, pero accesible si se está  un poco en forma y se tiene costumbre de hacer monte.

Y hasta aquí. ¡Otro día más!

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