Mi primer dia… de relax.

Audio: Mi primer dia – Los Aslándticos

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Una vez acabado el trekking tocaba disfrutar de la isla de otra manera. Y es que Corcega tiene muchas opciones. De buenas a primeras, y tras 10 km. de coche nos presentamos en un hotel céntrico y no muy caro en Calvi y nos metimos un menu suculento, ataviados con las pocas prendas semi-limpias que nos quedaban en la mochila. Ya al dia siguiente, tras un descanso reparador, nos fuimos de compras para adaptarnos a la vuelta al mundo real, donde la gente no va sudorosa ni embarrada por las calles, y donde las comodidades diarias no son una utopía. Prensa española y algunos minutos de internet después de tantos dias de incomunicación, y varios helados anti-crisis (1€ la bola) fueron las primeras opciones. Además me decidí a comprarme la guía Lonely Planet de Corcega, en francés para aprender algo, ¡y que bien me vino!

Una vez terminadas las compras y los recados varios, nos fuimos a hacer un poco de turisteo por la preciosa ciudadela y aprovechamos para darnos algún baño en la playa. Y ya a planear los siguientes pasos. Sarah se volvía a su gruta francesa a estudiar, Hugo iba a visitar a unos familiares y yo quería aprovechar para visitar Corte en el interior, y luego el Cap Corse en el norte, antes de reunirme con Hugo en Bastia para coger el ferry.

A Corte pensaba ir en tren, así que fui a la estación y compré el billete, aunque el tren acabo siendo un bus, que después de 1h de trayecto nos dejo en una estación de tren. Corcega Style. La entrada en Corte es espectacular. Es un pueblo de 6000 habitantes rodeado de montañas y que cuenta con la única Universidad de la isla. El pueblo está coronado por una ciudadela y las calles serpentean entre duras rampas y numerosos restaurantes y bares hasta llegar a ella. Mucho turisteo pero merece la pena. Y además se puede aprovechar para visitar los valles de alrededor, tales como Taviglano, Restonica y Boziu. Yo me decanté por el último para hacer una ruta en bici que mereció la pena, aunque me picara una avispa, me cruzara con cerdos salvajes, pasara por encima de una culebra y ser bufado por un inmenso toro.  También me acerqué a Restonica a darme un baño en sus famosas pozas, pero está muy masificado y es imposible encontrar un sitio tranquilo sin 20 domingueros por m2.

Tras un par de dias por allá me cogi otra vez el tren y más tarde el bus, para subir hasta el Cap Corse, a un pueblo llamado Macinaggio. Entre sus atractivos, una de las mejores playas de Corcega y el sendero de los Douaniers plagado de torres genovesas, playas y calas escondidas y mucho maquis (arbusto mediterraneo).  Un dia de descanso por alla y el viaje tocaba a su fin. Me reuní con Hugo otra vez, en Bastia, punto de entrada y salida principal de la isla y que puedo calificar como decepcionante y destartalada, y tras hacer las últimas compras, echarnos unos tés y sacar alguna foto nos montamos en el ferry, con pena de abandonar la isla tras dos breves pero intensas semanas.

Corcega, destino ideal para aquellos que no se deciden en el eterno debate playa VS montaña. ¡Aquí tienes las dos!

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