Una de trekkings

Hoy voy a hablar de trekkings. Pasados y futuros. Pero primero hay que definir el contexto. Hace tres veranos, allá por 2008, en una de mis cruzadas de cables, decidí pasar el mes de agosto participando en un campo de trabajo en la misteriosa y exótica Islandia.  Para el que le interese la experiencia hice una breve crónica de mi experiencia aquí y aquí. La ONG en la que nos enrolamos temporalmente es SEEDS, y la página gracias a la que descubrí la existencia de numerosos campos de trabajo, de temática variada, es SCI. El campo de trabajo duraba 15 dias y al mirar vuelos tuve dudas en las fechas pues no sabía lo que iba a encontrarme allí, pero finalmente decidí coger la vuelta para una semana después de acabar el workcamp. Gran acierto, pues el campo de trabajo, aun siendo una experiencia inolvidable solo nos permitió conocer una minúscula porción del gran país que es Islandia.

En rojo nuestra zona de actuación, la peninsula de Reykjanes.

Mientras la mayoría de compañeros se volvían a sus respectivas casas, cuatro de nosotros alquilamos un coche para conocer al menos algo más de la isla. Con las sabias recomendaciones de nuestros responsables y sobretodo de la gente local, partimos a recorrer la costa sur, parando en cascadas, geysers, lagos termales, playas de arena negra, colonias de puffins y demás atractivos que tiene Islandia. Así alcanzamos Skogarfoss, cascada de espectacular belleza y punto de partida de uno de los trekkings más hermosos del planeta.

Dos franceses, una irlandesa y yo. Era el último dia juntos ya que solo dos de nosotros nos quedabamos más dias en la isla. La idea era caminar desde Skogar hasta Þórsmörk, cruzando el paso de Fimmvörðuháls entre tres glaciares, y pasando al lado del famoso volcán islandés que volvió loca a media Europa, yo incluido.

El problema de una ruta no circular es que uno de nosotros tenía que sacrificarse volviendo a por el coche y conduciendo hasta el punto de llegada. No fue posible porque se nos echó el tiempo encima y como pude comprobar posteriormente, hubiera sido de una temeridad extrema intentar cruzar los rios glaciales que atravesaban la “carretera” rumbo a Þórsmörk con un Opel Corsa (o similar, no lo recuerdo).

Esto es verídico. Yo lo viví desde dentro, mientras mi escroto ascendía hacia mi garganta a gran velocidad.

La idea inicial era volver a Reykjavik, dejar el coche e intentar recorrer algo del norte en los 4 dias restantes. Pero Sarah, la chica francesa que como yo se quedaba más días, quería hacerlo en autostop y yo prefería no pasarme mis tres últimos dias haciendo dedo en un pais donde el clima es tan cambiante como escasos son los coches que circulan por las carreteras secundarias. Así que no hubo acuerdo, y a última hora los dejé marchar de vuelta a la capital y me quedé solo con la firme intención de completar el trekking Laugavegur en solitario. Sin botas de monte. Sin conocer la ruta. Y con solo tres dias antes de coger el avión de vuelta, para hacer un trekking de 78 km previsto para 4 dias… Me quedé en un pueblo desde el cual podía coger el autobus a Þórsmörk, y me preparé a conciencia. Me hice con el mapa del trekking, agua, pan bimbo y ultraenergética mantequilla de cacahuete para el camino (no tenían lembas), reserva de albergues y parte meteorológico favorable. Y a la espalda la mochila de un viaje de 3 semanas.

La experiencia fue increible. Tras un primer susto en forma de rio glacial que tuve que cruzar descalzo, con el agua congelada, clavándome las piedras en mis pies, y con la fuerza del agua que casi me arrastra, empecé a disfrutar del paisaje ante mis ojos. No voy a soltar toda esa mierda de la paz interior y de encontrarte a ti mismo, pero la realidad es que viajar solo lo hizo diferente. Vas a tu ritmo, paras cuando quieres, intentas retener cada lugar, cada paisaje, para poder contarlo a tu regreso. Y da tiempo a pensar. Mucho.

La variedad en los paisajes, que a veces parecen de otro planeta, los rios hirviendo al lado de un glaciar, la gama de colores desde el blanco y el negro de los glaciares hasta el rojo de la piedra y todas las gamas de verde imaginables, los describe mejor el siguiente video que mis torpes palabras.

Y la pregunta obligada es ¿Porqué ahora? ¿Porque contarlo despues de tres años? Y la respuesta está clara. Porque esto solo fue el prólogo. El Hobbit. Y este verano llega a los montes la saga más esperada. “El Señor de los Anillos” de los trekkings. Los dos franceses, Hugo y Sarah, yo, y puede que alguna nueva adquisición, nos disponemos a realizar el temible GR20, cruzando Corcega. Otra vez en una isla. Mismos compañeros. Y mismas ganas. Como avance os dejo el record del gran Kilian Jornet. Nosotros tardaremos un poco más…

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