R.I.P.

Han vivido una vida corta pero intensa, llena de sinsabores, pero han tenido que dejar este mundo de una forma precipitada y cruel con solo una semana de diferencia. La vida de una de ellas llegó a su fin hace una semana y la otra, que no pudo soportar la perdida, ha perecido hoy, en idénticas circunstancias. Que no cunda el pánico, estoy hablando de mis muelas del juicio.

Yo, que nunca me he caracterizado por tener excesivo juicio puedo empezar a preocuparme porque a partir de hoy voy a tener aún menos. Aunque la sensación general es de alivio. Me he quitado un peso de encima. Bueno, de hecho dos!  He pasado un mes muy malo con dolores, antibióticos y analgésicos, vamos que si me registran el cuarto en plena Operación Galgo voy al trullo seguro. Y mira que no soy yo muy amigo de las pastillas. Malditas muelas. Todo sea por correr más, era o eso  o ponerme a dieta, y la segunda opción era inadmisible. Mejor quitar lastres innecesarios.

Ahora en serio, soy bastante miedica en cuanto a médicos y hospitales se refiere, y los dentistas se llevan la palma. He de decir que me han tratado muy bien, y muy amables las dos veces, asegurandose que no me doliese y planteandome alternativas, pero aun así me pongo muy nervioso. De hecho hoy me he mareado, y me han tenido unos 10 minutos en el asiento hasta que mi cara ha vuelto a su color original, tras convertirme en el Joker durante un rato. ¡Hay que ver lo cómodos que son los asientos del dentista cuando sabes que ya han acabado con tu boca! Hasta ahora no me había dado cuenta porque al dentista voy tan tenso que no llego a tocar el asiento, permanezco levitando a 5 cm. del asiento y con todos los músculos en estado de alarma.

Aún se atreve el dentista a decirme que me relaje, “pero si me estás metiendo un martillo percutor en la boca, ¿como quieres que me relaje??” .  Hoy vuelvo a la dieta de pures y natillas, pero mañana espero poder darme un homenaje y comerme un pescao, eso si, con la cabeza torcida para que vaya todo para el lado sano… Pequeñas incomodidades pasajeras por un futuro mejor.

Moraleja: Si tienes la boca podrida vete al dentista antes de que te duela. Te ahorrarás más de un disgusto. Si, TÚ que estás leyendo, se que tampoco te hacen mucha gracia los dentistas, como a casi nadie, pero una vez al año no hace daño, o solo un poco. Hay que cuidarse la boca, que una avería si no se arregla a tiempo no desaparece sola, va a más. Y dentro de unos años tendrás que ir, te dolerá más, te costará más dinero, y tendrás una piñata de espanto!  ¡Al dentista he dicho!

PD. Se me ha olvidado pedirle la muela de recuerdo. Quería sacarle unos macros con la cámara, a ver si se veían los bichitos comedientes esos…

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